MIS RECOMENDACIONES

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¡Holaaa! esta semana la he empezado de lujo, con una novela que le tenía muchas ganas, la cuarta de una serie que me tenía enganchadísima y por fin me pude perder entre sus páginas…

 

“Ana” de la serie Hermanas Egea de Mariló Lafuente

Es la cuarto y último de la serie, pero si algo tienen en común las cuatro hermanas, son lo intensas que son sus historias de amor, pero en cada una queda impregnado su carácter y con Ana ha quedado patente, es la hermana más realista, pero cuando se trata del amor, se puede llegar a perder el norte o no?. Como siempre la escritora consigue emocionarte, que empatices enseguida con la protagonista, en esa relación que tienen tan especial entre las hermanas. Además en todas las novelas de la serie, también ha quedado reflejado el valor de la amistad incondicional y apoyo fundamental. Ahora que la serie ha terminado y como me ha pasado cada vez que salía la historia de las hermanas, tenía que volver a releer la de las anteriores y en esta ocasión ha vuelto a pasar, Lucía, Blanca, Lola y Ana, las voy a echar de menos, han conseguido llegarme muy hondo y se que en el futuro volveré a perderme en sus historias.

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Y después de esto y con una resaca literaria considerable, me enfrentaba a tener que elegir mi nueva lectura, hasta que caí en la cuenta de que acababa de salir una novela que me apetecía mucho, que digo un montonazo…

 

“Nunca serás agua” de Patricia A. Miller

Desde la sinopsis, supe que la protagonista me iba a gustar, una bombera, la cosa prometía y él su fisioterapeuta, supongo que muchas viendo las profesiones ya se han montando la historia, pero nada de lo que puedas imaginar y creer que puede pasar, pasa. Así que, ¡hay factor sorpresa!, además la calidad de la pluma de la escritora es indudable y como siempre se nota el trabajo que hay detrás de investigación, dando credibilidad a la trama de la novela, por que es más que una historia romántica hay tanto detrás de los protagonistas y tienen tanto que decir que es una maravilla adentrarse en su mundo. Creo en mi modesta opinión, que la escritora ha vuelto ha dar otro salto cualitativo, como lo hizo anteriormente con “El infierno en tus ojos” y se está perfilando como una de las grandes autoras de romántica, ha tener en cuenta.

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Terminada esta lectura, necesitaba buscar una historia donde la protagonista fuese también un poco guerrillera, otra mujer fuerte y apareció en el horizonte… una militar, nada más y nada menos ¡qué del ejército de los EEUU! OMG

 

Reb” de Dani Vera

Una vez acabada su lectura, me sentía plenamente satisfecha, que bonita historia de amor, que manera de meterse bajo lo piel, que buen sabor de boca te deja y eso que la escritora te lo hace pasar mal en algunos momentos, pero que muy mal y ahí lo dejo… .                                                                                                                                                                                             Intensa, adictiva, con unos protagonistas que te enganchan y emocionan, secundarios de lujo y alta graduación jejeje, que enriquecen un montón la novela. Y una trama que se complica con una investigación, que consigue intensificar los sentimientos. Giros sorprendentes, momentos realmente divertidos y momentos hot capaces de subir la temperatura hasta en el polo norte o sino recordad  “el momento escalada”. Perfecta lectura para terminar el día con una sonrisa.

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Pues esto ha sido todo, ya sabéis la semana que viene más y mejor ¡Feliz Lectura!

 

 

 

 

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“MALDITO AMORE” Capítulo 3

“MALDITO AMORE” Capítulo 3

 

 

 

Cris

 

 

Habían pasado cinco días desde mi pequeño accidente, y nadie en la asociación se había creído que me había presentado al “pseudo” ataque al director de “Diangelo Creazioni”. Estaba segura que detrás de todo esto estaba Renata, la segunda mandamás de la asociación (o al menos era lo que ella se creía, ¡qué ilusa!). Nunca le había caído bien, desde que Carlo se interesó por mí, ella me había declarado la guerra. ¡Pero mira que era tonta la pobre!  Si yo pasaba del ababol(1)de Carlo. Ellos se conocían de antes y él nunca se había interesado por ella y no era de extrañar, Renata tenía una cara muy complicada y para rematarla, era alérgica al agua y olía peor que una mofeta.

Pero volviendo a mi problema inicial, tenía que hacer algo al respecto. No me gustaba ese tipo de desconfianza por parte de mis compañeros. Era entrar en una habitación y todos empezaban a mirarme y cuchichear. ¿Por qué no iban de cara y me decían lo que realmente pensaban?, ¿no iban de ciudadanos dignos, defendiendo todas las injusticias del mundo mundial? Tenía que hacer algo, tomar las riendas y encauzar mi vida. Cada vez me sentía menos integrada y no me apasionaba nada de lo que estábamos haciendo en la asociación. Así que, me armé de calor y me fui a buscar a Carlo para hablar seriamente con él.

— Carlo, ¿tienes un minuto? — le pregunté en cuanto entre en su cuchitril llamado despacho.

— ¿Qué te pasa ahora, Cris? — dijo con pesadez. Era evidente que no tenía ni el más mínimo interés en saber qué quería contarle.

— A mí nada, pero estoy empezando a hartarme de que todo el mundo hable a mis espaldas y nadie venga de frente. ¿Qué problema hay? —Yo no le debía nada a aquel hombre y no iba a consentir que me tratase como un perdonavidas al que le debía un favor. Él debería sentirse honrado porque gente como yo, aseada y con visión de futuro, quisiese formar parte de su cutre asociación.

— Creo que esta conversación ya la tuvimos y ya te dije que no pasaba nada, si tú me dices que te presentaste el día del ataque, yo no tengo porque dudar de tú palabra, pero hay gente en el grupo que sí lo hace y yo no puedo convencerles de lo contrario—dijo con desgana. Estaba claro que no me iba a dar el premio a la activista del año.

— ¡Hombre, por fin! ¿quiénes son, si se puede saber? —Merecía saber quiénes eran esos impresentables para poder enfrentarme a ellos. Les iba a obligar a decirme las cosas a la cara. ¡Panda de cobardes!

— Cris, no empieces, vamos a dejar el temita y pensar en la próxima actuación. ¿Estás interesada en participar? — Me preguntó como si fuese el mismísimo Mesías a punto de concederle la oportunidad de redimirse a la oveja descarriada.

— ¡Por supuesto! La duda ofende, y ¿en qué consiste? —Esperaba que hubiese sonado creíble porque sinceramente no estaba nada motivada y si no salía huyendo de allí era porque no sabía qué hacer con mi vida y no tenía el valor de volver a casa como una fracasada.

—Tendrías que terminar o bien empezar el ataque al director de “Diangelo Creazioni” —Carlo me estaba dejando claro que no confiaba en mi palabra.

— Jodo, ¿seguimos con esa empresa? Pero si estuve investigando y no utilizan pieles de animales en peligro de extinción. —Y era verdad. Hasta lo que yo había podido averiguar, eran completamente legales y todo lo “respetuosos” con el medio ambiente que puede ser una empresa que trabajaba con pieles de animales. Además, temía volver a encontrarme con aquellos ojos azules, pero eso era que algo que a Carlo no le interesaba saber.

Después de una agria discusión, en la que mi supuesto jefe salió ganando con sus argumentos veganos y su cruda descripción del sufrimiento animal, tomé la decisión de llevar a cabo el ataque. Sería el último y después, tenía que ser valiente y romper toda relación con esa Asociación en la que no creía. Tenía ya veintiséis años, la vida se iba pasando y aunque mis ideales eran muy loables, tenía que empezar a luchar por ellos desde otra perspectiva. El activismo de perroflauta antisistema no iba mucho conmigo. Quería ayudar a la gente pero no a base de atacar a los demás. Buscaría un trabajo a ser posible relacionado con ayudar o colaborar con personas más desfavorecidas desde el pacifismo y el sentido común. Tenía la carrera de Bellas Artes y podía dar clases a niños, adultos o personas de la tercera edad para sacar unos eurillos. Y además, tenía que empezar a buscar un nuevo lugar donde vivir. Lo que no podía hacer era volver a España.

Se avecinaban grandes cambios, pero antes de nada, tenía que cerrar mi colaboración con “Animali di Difesa” para salir por la puerta grande y la cosa pintaba muy mal. En esta ocasión, tenía que llevar a cabo la protesta yo sola, según indicaciones de Carlo, con el fin de limpiar mi nombre y que todo el mundo recuperase su confianza en mí. Estaba obligada a demostrar mi grado de implicación y lealtad actuando sola. En aquel asunto percibí la implicación de Renata. Su hedor estaba por todas partes.  ¡Qué ganas tenía de no volver a ver su picasiana cara!.

Las directrices eran las mismas que la vez anterior. Lanzar pintura a cualquier propiedad del director el Sr. Pietro Diangelo. Les daba igual si era un edificio, un coche, una moto o incluso lanzarla sobre su persona. ¡Cómo si con eso fuésemos a ayudar a los animalitos indefensos! Aquello iba a acabar mal y ya me veía durmiendo en la cárcel y la verdad, no me apetecía nada; aunque pensándolo bien, seguro que la cama era mucho más cómoda y limpia que la que tenía en la actualidad.

Una semana después me dirigía a “Diangelo Creazioni” con un plan en marcha y muy pocas ganas, ninguna, de llevarlo a término. Me había pasado tres días vigilando todos los movimientos del Sr. Pietro Diangelo alias “ojazos azules”. Cada día, sobre las ocho y media de la mañana llegaba con su cochazo a las oficinas. No entendía nada de coches, pero ese tenía pinta de ser muy caro. Era enorme, de color azul oscuro, con cuatro circulitos tanto en la parte delantera como en la trasera y además en la parte de atrás se veía también la letra A y un siete al lado. En un principio había pensado lanzar pintura blanca sobre el coche, pero tuve que cambiar de plan, ya que la huida del lugar del crimen, se complicaba y me podían coger con facilidad, así que pase al plan B. Consistía en entrar al parking de la empresa y actuar desde allí dentro. Ya había comprobado los tiempos y entre que un coche entraba al parking y se bajaba la puerta, tenía unos cinco minutos para entrar y salir sin ser vista. Lo había cronometrado personalmente el día anterior ya que había entrado al parking a escondidas como una auténtica ladrona para hacer un reconocimiento del terreno.

Tenía localizada la plaza del coche del hombre con los ojos del color del mar y con un spray naranja, tenía pensado dejarle una maravillosa obra de arte, en las puertas.

Sobre las siete y media de la mañana llegaba Francesca, la asistente personal del jefazo, en ese momento entraría y me escondería a esperar a que llegase mí objetivo y después ¡a pintar se había dicho!

Lo tenía todo calculado. Nada podía fallar. Vestida de negro de pies a cabeza, me escondí cerca del parking sin ser vista para poder colarme. Miré el reloj, faltaban cinco minutos para las siete y media por lo que Francesca estaba a punto de llegar. A lo lejos divisé un coche, ¡tenía que ser ella! A medida que se fue acercando, pude comprobar que en esta ocasión, se había adelantado el jefazo y no había ni rastro de Francesca. No pasaba nada, ¡qué más daba si ojos cerúleos llegaba antes! Podía entrar igual, así que mi plan seguía en marcha.

Con los nervios a flor de piel, esperé pacientemente a que se abriese la puerta del parking y que ojazos azules entrase. Una vez dentro el coche, corrí rauda y veloz y me colé sin problemas. Ahora tenía que llegar hasta mi escondite, unos contenedores de basura que estaban en uno de los laterales del parking. Por suerte, el Sr. Pietro estaba atendiendo una llamada de teléfono, estaba bastante enfadado y no paraba de gesticular con acaloramiento. Aproveché la ocasión para esconderme sin dificultad.

Después de casi quince minutos y con un enfado considerable, salió del coche para dirigirse a su oficina. ¡Pobrecito! Hoy iba a tener un día complicado y yo iba a contribuir a ello.

Cinco minutos después, me coloqué el pasamontañas. Me horrorizaba porque me hacía sentir una auténtica delincuente pero tenía que mantener en secreto mi identidad. Me deslicé sigilosamente hacia el coche que iba ser mi lienzo. La plaza de parking del director estaba aislada de todas las demás justo al lado del ascensor, tanto en la parte delantera como en ambos lados había pared, con lo que decidí empezar a plasmar mi arte rupestre por el lado del copiloto, ya que era el que estaba más alejado del ascensor. Me coloqué al resguardo de la pared ya que en esa posición, era imposible ser vista. Una vez delante de mi objetivo y escondida por si alguien se le ocurría aparecer, saqué el spray y empecé con mi tarea: un animalito por aquí, un insulto por allá,… Estaba dejando el coche la mar de mono, nunca mejor dicho, cuando el ascensor empezó a bajar, al mismo tiempo que un coche entraba por el parking. Pude mirar sin ser vista y descubrí que el coche que entraba era el de Francesca. ¡Mira por donde, hoy llegaba tarde!. Me agaché y me escondí entre la pared y la puerta del copiloto, y de pronto, escuché unos pasos que salían del ascensor y se acercaban.

— Bongiorno Francesca — ¡Oh no! Era la voz del jefazo y se acercaba al coche. Accionó el mando a distancia para abrirlo. Intenté mantener la calma, me empezaron a sudar las manos y mi corazón comenzó a latir desbocado. Tenía que serenarme para no delatar mi presencia.

— Bongiorno Sr. Diangelo,  ¿ha pasado algo?, es aún muy pronto para que Usted esté aquí — Esta vez era Francesca la que hablaba. ¡Venga! Menos cháchara y subir a la oficina, supliqué yo para mis adentros.

En ese momento, miré al suelo y vi que algo se movía, ¡Redioss! ¡Qué no fuese una cucaracha! Me aterraban, era tal la fobia que les tenía que una de dos, o me quedaba paralizada o bien empezaba a gritar como una loca. Crucé los dedos para que fuese cualquier otro insecto o animalito. Pero Dios no estaba de mi parte y antes de gritar como una posesa, acerqué mi mano para amortiguar el grito, con tan mala fortuna, que no me acordé de que en esa mano llevaba uno de los sprays, que acabé soltando produciendo un estruendo espantoso.

—¿Hay alguien ahí? — preguntó mis Adonis de ojos celestiales.

—Ha sonado al lado de su coche — dijo Francesca la perspicaz.

Aguanté la respiración. No tenía escapatoria. Sólo me quedaba esconderme y rezar para que ocurriese un milagro y no ser descubierta. Escuche pasos y una puerta que se abría cuando ¡zas!, todo se volvió tan negro como la puñetera cucaracha que me había delatado.

— ¡Santa Madonna!, un vándalo … — oí que gritaban — Sácale el gorro a ver quién es…— continuaban gritando. Mi cabeza no paraba de dar vueltas y no conseguía centrarme.

— Es una ragazza — dijo ahora una voz femenina.

Intentaba centrarme. No sabía dónde estaba. Sólo era consciente de que tenía un terrible dolor de cabeza y notaba como mi frente palpitaba. Intenté abrir los ojos, pero el dolor aún era peor, acerqué mi mano a mi frente y sentí un bulto prominente. ¡De golpe todo me vino a la mente!, ¡Oh, oh, Houston tenemos un problema!.

Noté como alguien se acercaba y me quitaba el pasamontaña.

— ¡La loca de la basura! — gritó indignado el jefazo.

—¿Cris, eres tú? — La encantadora secretaría parecía entre sorprendida y decepcionada.

Abrí los ojos dejando de lado el dolor que me provocaba, para encararme con el “ojazos azules”.

—¿La loca de la basura?, será gilipollas el tío — grité toda enojada pensando que esas palabras se estaban quedando guardadas en mi pensamiento.

—¿Se puede saber qué hacías… — No pudo terminar la frase. Mirando su coche se quedó abducido por mi obra de arte. No podía articular palabra, era un claro caso de “Síndrome de Stendhal”, estaba maravillado con mi trabajo, hasta que empezó a ponerse rojo. Aunque tampoco estaba muy segura de que mi percepción fuese la acertada. Estaba en estado de shock y bajo los síntomas de un traumatismo craneoencefálico.

— ¡Tú! ¿Se puede saber que has hecho en mi coche?, ¿estás loca?, te voy a denunciar. — No paraba de gritar “el ojazos azules”.

Estaba metida en problemas y muy serios. Sin poder evitarlo, se me anegaron los ojos y empecé a moquear, todo se me vino encima y ahora tenía que asumir las consecuencias.

— ¡Prego, Sr. Diangelo! — intercedió Francesca, que me miraba sorprendida — Cris, ¿por qué? — me preguntó con su dulce voz, lo que me acabo de desarmar y ya no pude contener el llanto.

— ¡Llame a la policía, Francesca! — dijo el Sr. Diangelo — Ya se encargarán ellos de esta loca delincuente.

— Un momento, per favore, deje que la chica se explique — dijo dirigiéndose hacia mí.

— Yo… no… quería …— No podía hablar, el llanto no me dejaba hablar. Francesca se acercó y me rodeo con sus brazos y en ese momento deje a mis emociones vagar libremente.

—¿Francesca, qué hace?, no abrace a la loca — le increpó el desalmado jefe.

—Deje que me ocupe yo, esta piccolina, tiene problemas — pronunció con gran dulzura y yo me aferré a los brazos de mi salvadora.

— Eso ya lo sé o sino mire mi coche, ¡esto no puede quedar así!

— Sr. Pietro, nunca le he pedido nada, ¡prego!, no llame a la policía, seguro que lo podemos arreglar sin que ellos intervengan — Francesca intercedió por mí — Está asustada, pero estoy segura de que lo podemos arreglar, ¿verdad Cris? — dijo dirigiéndose hacia mí y yo solo tuve que asentir con mi cabeza.

— ¡Está bien, Francesca!, lo hago por usted y confío en que todo se resuelva rápidamente — le dijo a su asistente — En cuanto a ti, espero por tu bien, que aproveches esta oportunidad y no defraudes a Francesca. Y te agradecería que no volvieses a cruzarte en mi camino. Eres un saco de problemas — pronunció con el tono cambiado y con una seriedad abrumadora. Me sentí la mujer más miserable del mundo.

Y sí, su perdón y su benevolencia me ofrecían una oportunidad que no podía dejar escapar. Se habían acabado los ataques, la asociación, Carlo y Renata, me dije mientras me abrazaba con fuerza a mi ángel de la guarda. Una nueva Cris estaba a punto de resurgir de entre la basura y los sprays de pintura. Aquello era un punto y final.

 

  • (1) Tonto

Miss Smile.

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MIS RECOMENDACIONES

MIS RECOMENDACIONES

¡Hola! vaya semanita, llena de novedades y para colmo la rutina haciendo de las suyas, dejándome poco tiempo para leer y mi kindle a punto de explotar, jejeje. Mi lista de pendientes aumenta a pasos agigantados.

En esta ocasión, empecé la semana con una lectura que me sorprendió mucho y para bien.

“Dueto a la luz de la luna” de Javier Romero

He leído casi todo de este autor y debo decir que me encanta su pluma desenfadada, gamberra, realista y romántica. Lo mejor de seguir a un escritor, es notar como con cada novela se crece, pero lo mejor de lo mejor es cuando te sorprenden y en esta novela Javier me ha sorprendido, con una historia más romántica, más dulce, más emotiva, más intimista peroooo sin dejar de lado su esencia más traviesa (sino vease grupo de amigos del protagonista) y como telón de fondo tenemos el mundo de la Ópera y sus entresijos. Así que ya tenéis todo para adentraros en esta maravillosa novela.

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Después de leer a Javier, no me decidía por nada, hasta que se cruzó en mi camino Sofía Ortega con su “Bastian” y a partir de aquí sufrí un flechazo. Como cualquier seguidor de las series de Netflix, me marqué una maratón de las novelas de Sofía y me he pasado una semana increíble descubriéndola.

Como he dicho anteriormente empecé por

“Bastián”, y fue toda una revelación, una historia intensa, llena de sentimientos, giros sorprendentes, emociones a flor de piel, descubrimientos y sobretodo una pluma adictiva, cargada de emotividad. Y lo mejor, es el primer libro de la serie Los tres mosqueteros, así que ya estoy deseando conocer los siguientes.

Continue con la serie Luz de la sombra.

Que son tres historias de tres amigos y menudas historias !!!! No aptas para personas con problemas cardíacos, la autora va poner a prueba vuestro coranzoncito, llevando al límite las emociones y sentimientos, con una intensidad brutal, tened a mano pañuelos, kleenex, que los vais a necesitar.

Y por último pase por, “Malditas las rosas” y “La melodía de la inocencia” que están relacionadas.

Con estas dos novelas, descubri hasta puede donde llegar la maldad humana y en contrapunto las más bellas historias de amor. Todo aderezado con la intensidad emotiva de la autora, su sello impreso en cada una de sus obras.

Lo dicho ha sido todo un descubrimiento, pero que luego digan que en Romántica, ya está todo escrito!!!!

Enlaces:

“Bastián” https://www.amazon.es/dp/B07NCBZ33K/ref=cm_sw_em_r_mt_dp_U_f3yACb49G37ZC

Serie La Luz de la Sombra:

“El Susurro de la acuarela” https://www.amazon.es/dp/B06ZYR4L8R/ref=cm_sw_em_r_mt_dp_U_I4yACbMDG52FH

“El dibujo e su oscuro corazón” https://www.amazon.es/dp/B0751PMFB2/ref=cm_sw_em_r_mt_dp_U_D5yACb8M6ECJ7

” La cereza y el lobo” https://www.amazon.es/dp/B07818CQ5G/ref=cm_sw_em_r_mt_dp_U_K6yACbX4W3ENS

Y:

“Malditas las rosas” https://www.amazon.es/dp/B07818CQ5G/ref=cm_sw_em_r_mt_dp_U_K6yACbX4W3ENS

“La melodía de la inocencia” https://www.amazon.es/dp/B07818CQ5G/ref=cm_sw_em_r_mt_dp_U_K6yACbX4W3ENS

 

La semana que viene más y mejor, ¡Feliz Lectura!

 

 

“MALDITO AMORE” Capítulo 2

“MALDITO AMORE” Capítulo 2

 

Pietro

 

 

 

«¡Perfecto! Justo a la hora de embarque». Por un instante, me había temido que iba a perder al avión y que no iba llegar a tiempo a la boda.

Estaba tan apresurado que no me fijé en nada de lo que ocurría a mi alrededor, hasta que por fin, me senté en mi confortable asiento de primera clase. Odiaba esos días en los que no paraba de correr de un lugar a otro. Mi sangre italiana me obligaba a tomarme la vida con calma, porque no había verdad más absoluta que: piano piano si va lontano.

Ya relajado, sentí sobre mí, la mirada indiscreta de una mujer rubia salida de la portada de la revista Vogue. No me impresionó, estaba acostumbrado a tratar a menudo con ese tipo de mujeres, pero me incomodó.

«¡Salvado por una preciosa azafata!» La auxiliar de vuelo se acercó a mí para ofrecerme prensa nacional y extranjera y la rubia, dirigió su mirada hacia otro lado. La cercanía de la azafata y sus movimientos coquetos, le hicieron sentirse amenazada.

—El Corriere dello Sport, por favor. —Llevaba una semana infernal de trabajo, que casi remato con un homicidio imprudente, y necesitaba desconectar sumergiéndome en el mundo del deporte.

En cuestión de segundos, la azafata apareció con el periódico en la mano y con una sonrisa picarona. Le devolví la sonrisa y le di las gracias.

Al abrir la primera página, me encontré una nota.

“S.O.S. Tengo que pasar la noche en Londres y no quiero dormir. Llámame y ayúdame a pasar la noche en vela. 789 548 321 Viviana.”

Sentí un ligero aroma a basura. Inspiré en profundidad llevando discretamente mi nariz hacia la chaqueta, pero había sido una falsa alarma. Mi olfato percibió mi carísimo perfume de Salvatore Ferragamo, pero el subconsciente me había traicionado.

Levanté la vista del periódico y por un lado, me encontré a la azafata lanzándome una mirada devoradora y por otro, la rubia parecía enfadada y casi pude ver cómo le salía humo por la orejas. Por cortesía, le sonreí a la dos con esa mirada de Don Juan que había aprendido de mi padre. La azafata se hizo la tímida y la rubia, comenzó a relajarse.

Le gustaba a las mujeres, eso era un hecho. Y ellas me gustaban a mí, por supuesto; pero el papel de galán italiano ya comenzaba a aborrecerme.

Mi padre era un gran seductor. Le encantaba piropear a las mujeres y agasajarlas con cientos de detalles y atenciones. Y desde que era muy pequeño, siempre me repetía una y otra vez esta frase: si consigues que las mujeres te adoren y que los hombres te envidien, te ganarás el respeto de todo el mundo. Así era él, un Casanova.

Le hice caso, ¿quién era yo para ir en contra de las lecciones vitales de mi padre? Las mujeres me adoraban y yo las adoraba aún más a ellas. Pero entre él y yo había una gran diferencia. Él, aunque jugaba con todas, desde las más jovencitas a las más maduras, sólo amaba a una mujer a la que le era totalmente fiel, mi madre. Y yo, en cambio, no podía comprometerme con ninguna porque no era capaz de amarlas.

Era un hombre joven, atractivo, (está mal que yo lo diga pero era la realidad) que había heredado los rasgos más hermosos de mi madre: su piel morena y sus ojos claros, y profesionalmente, había alcanzado el éxito, llevando un pequeño negocio familiar de complementos de piel a figurar en las pasarelas más prestigiosas de todo el mundo. Y aunque durante muchos años fue muy divertido poder compartir mi cama con todo tipo de mujeres, empezaba a estar cansado de que ninguna de ellas les interesase saber de mí algo más que los ceros de mi cuenta corriente. A todas les gustaba que les regalase bolsos exclusivos, que las llevase a los restaurantes más caros de toda Italia, las fiestas rodeadas de famosos… pero a ninguna de ellas les importaba lo que pensaba, ni lo que sentía. Jamás una mujer me dijo algo como: ¿Cómo te encuentras hoy?, tienes mala cara, ¿te ha pasado algo?… Estaba harto.

Pero Gigi había sido diferente. Cuando me conoció no se dejó impresionar ni por mi apariencia ni por mi proposición laboral de ensueño. Ella sólo veía en mí a un tipo normal que le estaba ofreciendo trabajo. Y cuando conseguí que se viniese a Florencia a trabajar conmigo, no logré que cayese rendida a mis encantos, aunque saqué toda la artillería pesada. Me gustaba, me gustaba mucho. Su indiferencia hacia mí me volvía loco y su amistad me pareció la pertenencia más valiosa que había tenido jamás. Sin embargo, ella estaba enamorada de otro hombre y la presencia en su vida de un galán italiano millonario, no consiguió tambalear los cimientos de su historia de amor, sino que los reforzó.

Y allí estaba, en un avión rumbo a Londres, para ver como Gigi se casaba con el amor de su vida, Noah. Tanto él como ella se habían convertido en buenos amigos y me llenaba de orgullo que quisiesen compartir conmigo el día más importante de sus vidas.

Estaba deseando bajar de aquel avión. Las miradas de mis admiradoras cada vez eran más intensas y no encontraba el modo de poder esconderme de ellas. Cuando por fin aterrizamos, la rubia se dirigió rápidamente hacia mí y metió en el bolsillo de mi americana un papel y me susurró al oído: “estaré esperando tu llamada”. La azafata que había presenciado la escena, la reprendió sin importarle que el resto de pasajeros la estuviesen observando. Segundos después, cuando estaba a punto de salir de aquel avión, escuché los gritos e insultos en medio de una pelea de gatas. Me fui de allí con paso apurado, ansiando encontrarme una papelera para deshacerme de los teléfonos de aquellas dos leonas.

 

 

Y cuál fue mi sorpresa cuando me encontré esperándome en el aeropuerto al mismísimo novio de aquella boda. Noah tenía el pelo revuelto, unas ojeras hasta la barbilla y sujeta entre sus manos un cartel que decía; “Soy un novio al borde de un ataque de nervios” y que terminaba con una carita sonriente.

—¿Pero qué haces aquí?, ¿no era necesario que te molestases en venir a buscarme? Hoy es tu día.

—Hazme caso, era necesario —dijo desesperado.

—¿Qué ocurre?

—¿Recuerdas a Ralphy, la amiga loca de Gigi? Bueno, pues Gigi como no la aguantaba más, me la mandó a casa y pensé que me moría: Noah, no puedes ir con esos pelos, deberías hacerte un moño… Noah, no me gustan nada esa sombra tan vulgar que hay debajo de tus ojos, deberías maquillarte… Noah, aún sigo pensando que debería ponerte pajarita y no esa corbata tan del retro y hortera…

—¿Y cómo has conseguido escapar? —Recordaba a Ralphy y sabía que no era de esas personas de las que puedes escaparte con facilidad.

—La he amordazado —pronunció desesperado y con la esperanza de que fuese cierto.

—¿Cómo? —Me hice el sorprendido.

—Calvin y Sean me han cubierto. Pero seguro que ya estoy en busca y captura y que tengo detrás a la Interpol, Scotland Yard y al mismísimo James Bond —dijo azorado.

De camino al hotel le mandé un mensaje a Maggie. Tenía un plan y necesitaba su ayuda. Y fui dándole a Noah los temas de conversación más dispares y absurdos para que poco a poco se fuese relajando.

—Ya está —dijo cuando aparcó frente a mi hotel. —¿Quieres que te esperé? —me preguntó solícito porque quería tener una excusa para estar lejos de su casa.

—Sí, es más, debes acompañarme porque tengo una sorpresa muy relajante y placentera para ti. Tómatelo como un regalo de boda anticipado. —Había ideado un plan e iba a ponerlo en práctica.

—Pietro, eres un hombre muy atractivo, pero sabes que no eres mi tipo. —Estaba seguro de que Noah no tenía ni idea de que estaba tramando.

—Muy gracioso.

—Bueno, no voy a serle infiel a Gigi. —Quiso aclarar aunque yo sabía que eso jamás iba a ocurrir. Conocía los valores de Noah y sabía entre todos ellos, destacaban la fidelidad y la honestidad.

—No me refería a ese tipo de placer —aclaré.

Noah no entendía nada y estaba un poco desconcertado.

—Tú calla y ven.

En lugar de hacer el check in, me dirigí directamente a la zona de Spa seguido por el desconfiado novio. Y al llegar, una mujer vestida totalmente de blanco nos estaba esperando.

—Noah, esta es April y durante la próxima hora y media va a ser tu masajista. —Me alegré de que April fuese una señora madura con ese aspecto tan entrañable de madre que te daban ganas de abrazar en busca de consuelo. No quería que Noah malinterpretase mis intenciones.

—Gracias, Pietro, eres mi salvador.  —Al novio desesperado pareció agradarle sobremanera el plan que había preparado para él.

Una hora y media después parecía un hombre nuevo. Sus ojeras y la tensión de su rostro habían desaparecido y su pelo húmedo, recién salido de la ducha, le daba un aspecto divertido y alegre.

—Ahora ya estás listo para casarte —afirme satisfecho y orgulloso por haber hecho algo por aquel hombre indefenso.

—Sí, lo estoy. April tiene unas manos fantásticas —le dijo agradecido a la mujer.

Ella sonrió.

—Es la primera vez que un hombre se pone a roncar mientras le masajeo la espalda —confesó entre risas y Noah se sonrojó.

—Lo siento —se disculpó avergonzado, —pero te puedo asegurar que he dormido como un bebé.

April se despidió de nosotros y le deseó a Noah un feliz matrimonio.

Había llegado la hora de dirigirnos hacia la iglesia. Noah me pidió que condujese yo su coche y así lo hice. Él parecía sumergido en un pequeño trance premarital y yo, con cierto regusto a dolor, creí que jamás viviría una situación así. Nunca tendría que esperar a una mujer frente al altar.

Cuando llegamos a la iglesia, Ralphy hiperventilaba y parecía estar a punto de darle un ataque de pánico.

—Menos mal que has aparecido Noecito, no sabía cómo explicarle a Gigi que te habías dado a la fuga —pronunció la alocada amiga muy pero que muy alterada.

—Perdona, Raphaella, pero es que me sentía un poco agobiado y necesitaba un soplo de aire fresco. —Se disculpó Noah como un perrillo que tenía miedo de la regañina de su dueña.

—¿Seguro que va todo bien y que no vas a salir huyendo? —preguntó Ralphy con tono amenazante. Aquella mujer era una camaleona. Pasó de ser la niña del exhorcista a Lobezno en centésimas de segundo.

—Segurísimo, de verdad. —Juró Noah con su mano sobre el pecho.

Dentro, junto al altar, esperaba al afortunado novio su mejor amigo, Calvin, y sentados en los primeros bancos, esperaban los invitados del novio.

Yo me senté en un banco vacío. Apenas conocía a los amigos y a la familia de los novios y me sentía un poco fuera de lugar.

Minutos después entraron los invitados de la novia e intuí que Gigi estaba a punto de llegar. Y así fue. Una pelirroja preciosa y exultante de felicidad, apareció del brazo de su padre y los más allegados tuvieron que hacer esfuerzos sobre humanos para contener las lágrimas de emoción. Noah, en cambio, no pudo controlarse y las lágrimas resbalaron con rapidez sobre sus mejillas para acabar escondiéndose en su barba.

Fue una boda maravillosa. Llena de frases de amor, gestos de devoción, caricias sutiles cargadas de cariño e incluso, besos de pasión. El amor flotaba en el ambiente y todas las parejas allí presentes, parecían poseídas por Eros, el dios de amor. Y yo…, yo jamás me había sentido tan solo.

Después de la ceremonia, todos los amigos de Gigi y Noah se esforzaron por hacerme sentir uno de ellos y aunque intenté comportarme como uno más, el interior de mi corazón estaba vacío y triste.

Gigi no tardó en acercarse para bailar conmigo y poder charlar un rato a solas. Se lo agradecí enormemente porque necesitaba el calor de una amiga.

—Muchas gracias por lo que has hecho por Noah. —Ella me hablaba y no podía dejar de emborracharme con su belleza.

—No te preocupes, no ha sido nada —respondí de forma automática. Yo sólo quería perderme en su mirada por última vez. Sé que no debía hacerlo, que aquello no era digno de un amigo, pero lo necesitaba.

—Estás preciosa. —No pude controlarme.

—Gracias, tú también estás impresionante, pero eso no es una novedad —me alagó divertida. Sí, yo podría ser impresionante, pero nunca llegaría a la altura de Noah. Me castigué con mis pensamientos.

—Eres una cameladora, se nota tu vena italiana. —Tenía que salir de aquella situación tan incómoda y no sabía cómo. Deseaba estar cerca de Gigi, pero aunque llevaba mucho tiempo haciéndome el fuerte, aún me resultaba doloroso. Era un dolor ligero pero punzante.

Ella sonrió.

—¿Estás bien? Se te ve preocupado y ausente. ¿Es por una mujer? —preguntó con amable curiosidad. Gigi era tan dulce… Era lógico que me hubiese vuelto loco por ella.

—¡Ojalá! —supliqué con una leve amargura.

—Pietro, ya sabes lo que dicen: Hay muchos peces en el mar. —Gigi sabía que ella tenía algo que ver con el amargo semblante.

—Sí, pero los que a mí me gustan, nadan a contracorriente —dije sin intención de querer molestarla. No le estaba echando nada en cara. Era totalmente consciente de que en el corazón no se manda.

—Tal vez sólo te fijas en los delfines y quizás tengas que fijarte en las sardinas aunque te parezcan del montón —me aconsejó como una verdadera amiga. Aquella mujer era espectacular.

—¿Crees que yo soy el culpable de no encontrar el amor? —necesitaba su consejo.

—No, simplemente, pienso que no te rodeas de las chicas adecuadas.

—Puede ser… —Sabía que en cierta manera, tenía razón, pero es que parecía que el destino sólo ponía en mi camino mujeres materialistas y superficiales.

—Hazme caso. Las sardinas parecen muy simples porque son chiquititas y viajan por el mar apelotonadas, pero todas son especiales y tienen un gran sabor —dijo como una gurú del amor.

—No sabía yo que fueses una experta en el mundo marino, Gigi Cousteau.

—Y no lo soy, pero el champán me dota de una gran sabiduría —pronunció mientras me guiñaba un ojo divertida.

Esa era mi chica, mi gran amiga, y deseé que todas las mujeres del mundo se pareciesen a ella, tan cercana, tan divertida, tan chispeante, tan diferente… Y no importaba si había sido causa del vino o de su sabiduría innata, pero me fui de su boda esperanzado, creyendo que si abría bien los ojos en el fondo marino y me fijaba en especies en la que jamás me habría fijado, encontraría ese pececillo junto al que desearía nadar durante toda la vida.