“Maldito Amore” Capítulo 5

“Maldito Amore” Capítulo 5

 

 

 

Cris

 

 

¡Por fin! Mi vida estaba cambiando y todo se lo debía a Antonella, se había convertido en mi ángel de la guarda, desde mi ataque al coche de Pietro se había hecho cargo de mí. Gracias a ella había conseguido desvincularme de la “asociación”, había dejado la casa ocupa y ahora era su compañera de piso. Me costó aceptar, no tenía ingresos regulares y no le podía pagar, pero al final llegamos a un acuerdo: me haría una especie de préstamo hasta que encontrase un trabajo.

Hoy tenía mi primera entrevista en la ONG “Buscadores de sonrisas”. Tenía cita con el director, el Sr. Adriano.

Y para allí que iba yo, con la ropa que me había dejado mi salvadora, ¡cómo no! Unos tejanos azules, camiseta blanca y una chaqueta verde, todo muy sencillo, pero me sentía tan bien, tan limpia, por no hablar de la olor que desprendía, a flores silvestres del Caribe, o eso ponía en el bote de colonia y ¡aish! me parecía maravilloso. Esta era la nueva Cris, dispuesta a comerse el mundo.

Tenía la entrevista a las diez de la mañana y desde casa de Antonella podía ir caminando. Faltaba poco más de media hora cuando salí de casa y toque el timbre del ascensor. Vivíamos en un cuarto y hoy no me apetecía bajar por la escalera. Una vez dentro, el ascensor se dispuso a bajar, pero antes se detuvo en el tercer piso, donde para mi asombro, subió la abuela más glamourosa que había visto en mi vida. Esperé a que me mirase con recelo, pero para mi asombro, sonrió. Me miré en el espejo y recordé que no parecía una perroflauta.

— Buongiorno, piccolina — me dijo la abuela y yo me quedé muerta, ¿me estaba hablando a mí?, me pregunté. — ¿Estás bien, ragazza? — insistió

— ¡Oh si! Perfectamente — estaba “flipando”. Hacía tiempo que nadie se dirigía a mí, sin mirarme con cara de asco, ni apartarse por mi olor pestilente. Empecé a sonreír, todo se lo debía a mi nuevo aspecto. La pobre señora debía de estar alucinando y pensando qué clase de hierba me había metido, estaba como en una nube, hasta que, se oyó un gran estruendo y el ascensor se quedó parado.

— ¡Merda! —soltó la linda abuelita — ¡Otra vez no! —siguió diciendo

—¿Qué ha pasado? — pregunté yo

— El ascensor, que tiene más años que yo y cada dos por tres se estropea. La última vez estuve encerrada casi dos horas, ¡dos horas! — exclamó

— ¿Cómo? No puede ser, tengo una entrevista dentro … — mire mi reloj — De veinte minutos, ¿no podemos llamar a alguien? — ¡Virgen del Pilar!, no iba a llegar a tiempo, mi día se estaba empezando a torcer.

— El timbre no funciona, acabo de enviar un mensaje a la empresa de mantenimiento, pero olvídate de llegar a esa entrevista, tenemos para un par de hora por lo menos, llámales por teléfono y que te la aplacen. Por cierto, mi nombre es Bianca y soy la vecina del tercero A.

— Cris, nueva compañera de piso de Antonella, del cuarto A — le dije al mismo tiempo que le daba mi mano a modo de saludo.

Cogí mi teléfono y con horror comprobé que no tenía cobertura

— ¡Mierda! — Ahora era yo la que soltaba un taco — ¡No tengo cobertura!

— ¿Pero eso funciona?, hace más de veinte años que no veía un móvil de estos.

— Si  funciona, pero no tiene cobertura — lloriqueé yo.

— Tranquila, ¿tienes el número? Yo te dejo el mío para que llames.

— Espere, lo tengo en el bolso.

— ¿No lo tienes en la agenda del móvil retro? — me preguntó Bianca. Yo puse cara de asombro. — Ya veo que no, pero ¿de qué cueva has salido, piccolina?

— ¡Ay, si yo le contara! —suspiré.

Cogí su teléfono y le empecé a dar vueltas, ¿cómo quería que llamase si no tenía teclas?

Bianca no paraba de reirse.

—Dame anda, ¿no has vista nunca un smartphone?

— Si, pero no tan de cerca — y le devolví el móvil.

— Dime el número, que yo lo marco —se ofreció con amabilidad.

Marcó el número y me pasó el teléfono. Después de tres timbres y dos interlocutores, conseguí hablar con Adriano, fue muy amable. Como iba a estar todo el día en las oficinas, quedamos en que le avisaría cuando consiguiese salir del ascensor y llegar hasta allí.

Ahora ya más tranquila, ya que no tenía prisa por salir de allí, le devolví el teléfono a Bianca y me senté en el suelo, cuando para mi asombro, Bianca hizo lo mismo.

— ¡No me mires así! Tengo setenta y cinco años y gracias al yoga soy muy flexible — Y tanto que lo era, sólo esperaba que fuese cierto, sino teníamos un problema.

— Bueno Cris, como esto va para largo, ¿qué tal si me explicas, cómo vives tan descatalogada?

Respiré profundo y le conté todo, todo, sin dejarme nada, hasta mi ataque al coche de Pietro. Si algo me caracteriza es que no me gusta esconderle nada a nadie y si con todo lo que le explicaba, esta abuelita tan molona dejaba de hablarme, ella se lo perdía. Para mi asombro, al terminar de explicarle mi vida, obra y milagros, soltó una sonora carcajada.

—Creo que le vas hacer mucho bien a Antonella —dijo Bianca muy misteriosa.

—¿Por?

—Todo en su momento, piccolina —prosiguió —Ahora que vuelves a disfrutar de los pequeños placeres de la vida, ¿cómo te sientes?

—Me siento en una nube, la vida  y Antonella me están ofreciendo una nueva oportunidad y no la quiero desaprovechar  —dije convencida

—Estás en el camino, me has dicho que ibas a una entrevista, se puede saber de ¿qué? si no es indiscreción.

—Claro, es una entrevista para trabajar en la ONG “Buscadores de sonrisas”, ¿los conoce?

—Cris, ya sé que podría ser tu abuela, pero por favor, trátame de tú. Creo que tú y yo vamos a ser muy buenas amigas … y no, no conozco esa ONG.

—Yo también lo creo —y así lo sentía

—Bueno y ya sabes en qué consistirá, tu trabajo.

—Por lo que he hablado con el director, en un principio sería para atender el teléfono por las mañanas, para dar información de la ONG, captar socios, ofrecer servicios. Además estoy pensando en comentarles, como soy licenciada en Bellas Artes, la posibilidad de hacer talleres para niños y personas mayores, de pintura. ¿Crees qué será buena idea?

—¡Una idea excelente! Si lo consigues, avísame que yo me apuntaría. A mi edad se tienen muchas horas libres y hay que ocupar el tiempo.

De repente, el ascensor cobró vida. Y como si llevara un resorte, Bianca se puso de pie, para mi total asombro y en segundos, conseguimos llegar a la planta baja.

—¡Corre, piccolina! ¡Qué tu nueva vida te espera! Pásate luego por mi casa y me cuentas. Además te regalaré un móvil como Dios manda y ese lo puedes llevar al Museo de Historia —dijo entre risas.

Sin tiempo que perder y más animada gracias a Bianca, salí, rauda y veloz, hacia la entrevista.

Estuve de tres horas en “Buscadores de sonrisas”, donde recorrí todas sus instalaciones, oficinas, salas, aulas y todo de la mano del que sería a partir de hoy mi jefe, Adriano, un madurito muy atractivo, con una energía vital fuera de lo común y con unas ganas locas de hacer cosas. Tal y como le había comentado a Bianca, por las mañanas me haría cargo del teléfono, según Adriano, para atender y cubrir las necesidades de todo aquel que llamase y lo mejor de todo, le había parecido maravilloso lo del taller de pintura y me daba vía libre, para horarios, número de alumnos, lo malo, un presupuesto muy reducido, que ya conseguiría estirarlo, estaba segura.

Menudo subidón tenía, mi mente era un hervidero de ideas y proyectos. Adriano me había transmitido tanto, me había dado tan buena onda, que tenía energía hasta para cargar mi móvil trasnochado.

Decidí perderme por las calles de Florencia y que la ciudad me tranquilizase. Dejé fluir mis pensamientos. Ya tenía una casa donde vivir con compañera y vecina incluida, nuevo trabajo y ahora sólo me faltaba el amor, y sin más, vino a mi mente la imagen de Pietro. ¡Amor y Pietro en la misma ecuación!, ¡no podía ser! El Sr. Ojazos con Cris “la perroflauta”.No podía dejar de reír porque esa idea era absurda. Mi mente me estaba gastando una broma, pero y ¿mi corazón?

Miss Smile

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