LAS RECOMENDACIONES DE MISS SMILE

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Hola, otra semana más y seguimos igual, las novedades llegan a pares, pero esta semana me lo he tenido que tomar con más calma, la vida, los proyectos, la familia, tengo tantos frentes abiertos, que alguna cosa se tiene que resentir y claro cuando puedo leer con tranquilidad es por la noche, llega el sueño y no me deja avanzar, peroooo algo si que he podido leer.

Empezamos, con una novela, que la autora llevaba tiempo anunciándola, además la protagonista era una vieja conocida,  una “pelirroja” que me dejó con ganas de saber más …

“Yo no soy de nadie” de Tamara Marín

Una novela que tiene muchas lecturas, tantos mensajes no escritos, tanto que decir, gritar, denunciar… Un salto cualitativo de una autora que viene pisando muy fuerte y con gran proyección, por que cuida cada pequeño detalle, por que se nota que mima y cuida su trabajo. Una historia que te atrapa, que sorprende, una protagonista de las que dejan huella, una narrativa directa, sencilla y con mucho sentimiento. Al ser la protagonista una vieja conocida, siempre te generas alguna expectativa y en esta ocasión las ha superado, por mucho que imagines como puede ser Alba, siempre hay algo que te sorprende. Una novela de las que llegan para quedarse.

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Para la siguiente lectura, recurrí a mi lista de pendientes y escogí…

“Quédate en mi vida” de María Ferrer Payeras

Y fue una gran elección, en esta ocasión la escritora ha sacado su lado más dramático en una novela que toca temas muy controvertidos, algunos muy actuales, otros no tanto, pero siempre con sensatez y sin frivolizar. Una historia dura en muchos momentos, pero en contrapartida una amor que surge con una fuerza brutal y unos protagonistas a la altura de las circunstancias, aunque en determinados momentos las fuerzas puedan fallar, pero …. y  unos secundarios que con su historia pasada han marcado el futuro y una mala malísima, de las que te gustaría que que cayese en tus manos, para “arrrrgrrrrrrr” y ahí lo dejo.

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Y para terminar la semana, una autora que me “chifla”, por que me hace disfrutar como una enana con sus novelas y se está convirtiendo en un valor seguro.

¡Ni un flechazo más! de Loles López

Una historia brillante, con esos “tiras y aflojas” que lo mismo te tiras de los pelos, que te partes de la risa. Con unos protagonistas muy bien dibujados y definidos, secundarios que están a la altura de las circunstancias y una historia de amor de las que se van cociendo a fuego lento, pero con una atracción brutal. Una lucha de titanes, que no sabes por cual decantarte, y los giros sorprendentes marca de la autora, que bien empieza la novela, te haces una idea por que derroteros va a ir la historia hasta que te mete un “chasss” y todo cambia, es una de las cualidades de esta escritora, por eso siempre es un placer leerla, pero lo mejor de todo es que no eres consciente de lo que puede pasar hasta que pasa ¡una maravilla! Factor sorpresa Activado.

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Y esto ha sido todo esta semana, la que viene más y mejor. ¡Feliz lectura!

“Maldito Amore” Capítulo 6

“Maldito Amore” Capítulo 6

 

 

 

“Pietro”

 

 

Todo fluía a la perfección. Gigi y Noah ya se habían instalado en Florencia. Su mudanza había sido muy sencilla porque sólo pensaban quedarse un par de meses y su único equipaje era dos inmensas maletas y la esperanza de que una temporada de tranquilidad, lejos de su asfixiante rutina, les diese la oportunidad de ser padres. Y en cuanto a la vivienda, contaban con la gran ventaja de que la abuela de Gigi aún poseía la casa familiar en la que se había criado, y después de una bonita y costosa reforma, que había realizado una década atrás, se había convertido en uno de los áticos más flamantes de la ciudad. Pero si ya la presencia de mis amigos británicos me llenaba de alegría, la vuelta de Maggie, me hacía inmensamente feliz. Maggie no sólo era mi empleada, era mi mejor amiga. Y durante la corta estancia de Gigi en Florencia, se habían hecho íntimas y ahora los cuatro juntos, formábamos un cuarteto muy particular pero muy bien avenido. La pobre Maggie se había tenido que marchar a Milán durante casi medio año para acompañar y cuidar de su padre que estaba pasando por una grave enfermedad. Renunció a su trabajo porque en esos momentos difíciles necesitaba estar cerca de su familia, pero ella sabía, que cuando todo volviese a la normalidad, su puesto de trabajo siempre iba a estar esperándola. Por suerte, y gracias al destino, a algún dios o a quien fuese, después de un duro tratamiento, el padre de Maggie consiguió recuperarse y ahora ella volvía a recuperar su vida.

La había extrañado mucho, ella no sabe cuánto, y me sentía tremendamente culpable porque no había podido estar a su lado cuando más me necesitaba. La llamaba o la escribía todos los día, pero yo sabía que eso no era suficiente. ¿De qué sirven las palabras cuando lo que realmente necesitas es un abrazo?

Y por si ya no fuese suficiente con mi buena fortuna, no sólo me había integrado a la perfección con el resto de los voluntarios del comedor social, sino que además esa noche tenía una cita con Fiorella, mi compañera rubia de melena leonina.

—¿Qué tal con el pececillo? —me preguntó Gigi mientras nos tomábamos un café en el Cafè Gilli, en el que siempre bromeábamos con que su nombre hacía honor a ella.

—Esta noche bajaré a las profundidades para conocer a la sardinilla lejos de los chándales de mercadillo, los cucharones, las lentejas y las viejas glorias que reparten su sabiduría como si fuese lo único de valor de su pobre existencia. —Me encantaba colaborar con el comedor social pero aún seguía sintiéndome fuera de lugar. Me resultaba más fácil ayudar a la ONG Buscadores de sonrisas, ya que me limitaba a darles dinero y llamarlos con frecuencia para que me fuesen informando de cómo estaban invirtiendo mi dinero. En el comedor notaba como todo el mundo me miraba y se preguntaba qué pintaba yo en un lugar como aquel. Incluso, más de alguno se había atrevido a preguntármelo directamente. Y en cambio con la ONG, como nadie me veía, y mi único contacto era telefónico, no sentía ni las miradas ni los corrillos en los que mencionaban mi nombre.

—Seguro que es una buena chica —dijo Noah dándome ánimos. —No cualquiera vale para trabajar en un comedor social y eso demuestra que es una gran persona y que tiene un buen corazón.

—No lo sé, espero que sí, tampoco he tenido la oportunidad de hablar mucho con ella porque siempre que coincidimos, tenemos mucho trabajo, y hay muchas personas que necesitan más de nuestra atención. A muchas de las personas que van al comedor, les alimenta más que alguien les escuche y les preste atención, que un plato de comida caliente. —Estaba muy contento de haber dado ese paso y haber conocido aquella realidad que estaba tan alejada a la mía. Sentía que estaba volviendo a recuperar la perspectiva.

—Te noto cambiado —pronunció Maggie. —Siempre me has parecido un gran tipo, pero esta nueva  faceta que estoy viendo en ti, me encanta. Pareces más sensible, más tierno… en fin, más humano. Ya no eres el todopoderoso Pietro Di Angelo, ahora eres un hombre encantador que puede conquistar a cualquier pececillo del fondo marino —acabó diciendo un poco teatral y entre risas.

Todos nos echamos a reír y a continuación, Maggie le preguntó a Gigi y a Noah qué planes tenían para ese día y mientras hablaban, yo les observaba en silencio y me sentía muy afortunado por tener a mis amigos tan cerca.

Horas después, cayó la noche y llegó el momento. No sabía muy bien que ponerme para mi cita con Fiorella. Tengo dos looks para cuando salgo a cenar, bueno, realmente son mis looks habituales dependiendo la situación. Por un lado, tengo el formal, con camisa y traje. Suelo prescindir de la corbata porque me siento un poco agobiado con ella. Pero siempre tengo alguna a mano por si tengo que ir a alguna reunión importante. Y para las ocasiones especiales, bodas y demás eventos de etiqueta, tiendo a la pajarita porque me resulta más retro y divertida. Y por otro lado, en las ocasiones informales, me suelo poner vaqueros, camiseta y cazadora de cuero. Pero aquella noche, hasta llevar una chupa de piel me parecía demasiado ostentoso porque probablemente costase cinco veces más que toda la ropa de Fiorella que parecía de segunda mano.

Al final opté por ponerme la dichosa cazadora porque realmente no tenía otra cosa que ponerme.

Iba a llevar a mi cita a cenar a un restaurante japonés llamado Koko. Me gustaba mucho porque tenía una zona de tatami en la que podías cenar sentado en el suelo y eso me parecía divertido y original y estaba totalmente convencido de que a Fiorella le iba a gustar.

Antonella había hecho la reserva para las nueve, así que con el tiempo justo, me monté en el coche y fui a por ella. Coloqué el GPS del coche y de manera automática le di al mensaje en el que me había enviado su ubicación sin haber reparado en el nombre de la calle y algo extraño ocurrió. Me había hecho a la idea de que mi compañera del comedor social vivía en un barrio humilde, pero la voz femenina que me indicaba qué dirección tomar, me estaba llevando a uno de los barrios más pijos de Florencia. Apenas me quedaban unos metros para llegar al destino y tuve que mirar varias veces a la pantallita para asegurarme de que no me había equivocado. Pero allí vivía Fiorella, al lado del río, en la mismísima calle Lugarno Corsini, la calle más exclusiva de la ciudad. No daba crédito y me sentía un poco desorientado. No entendía nada.

Había quedado en hacerle una llamada perdida cuando llegase a su portal y así lo hice, a pesar de mi turbación. ¿Cómo era posible que Fiorella viviese allí?

Minutos después, una chica salió del portal y si no fuese por su llamativa melena, me habría costado horrores reconocerla. Su ropa de diseño y su maquillaje eran demasiado exagerados y parecían no pertenecerle. Aquella mujer no podía ser ella. Todo aquello parecía una broma.

Fiorella no tardó en verme y se dirigió al asiento del copiloto.

—Buenas noches —pronunció risueña.

Yo no pude pronunciar palabra. Su carísimo perfume había sido el último elemento que me había dejado en shock.

—¿Te encuentras bien, Pietro?

—¿Vives aquí? —terminé preguntando sin haber salido de ese estado de incomprensión en el que me encontraba.

—Sí, vivo aquí con mis padres y mi hermana —dijo orgullosa.

—No entiendo nada —pronuncié el alto.

—¿Qué es lo que no entiendes?

—Me había hecho otra imagen de ti. No sé, tu trabajo en el comedor social me había hecho pensar que eras de otra manera.

—Tú también trabajas allí y no por ello pienso que eres un muerto de hambre.

—No, pero no sé, la ropa que llevas siempre….

—Bueno, me la pongo porque… es una historia muy larga.

—Cuéntamela.

—Prefiero que nos vayamos a cenar. Tengo hambre.

—Fiorella, soy sincero si te digo que me gustaría conocerte más, pero me encantaría saber la verdad porque necesito entender todas estas cosas que no me cuadran.

—Eh, —comenzó con vergüenza —es que me obligan a hacer trabajo social y mi abogada me recomendó vestirme de ese modo para que la gente no se sintiese incómoda y así evitar también situaciones incómodas.

—¿Y por qué tienes que realizar trabajo social? —Estaba perplejo con la situación.

—Digamos que me llevé algo que no me pertenecía.

—Vamos, que robaste. —Estaba más que claro.

—Sí, se podía decir que sí.

Aquella situación lo único que demostraba era que yo era un auténtico imbécil. Me había dejado llevar por las apariencias y yo solito me había montado una imagen totalmente equivocada de quién era Fiorella. Y no pude evitar reírme por lo absolutamente ridículo que había sido.

—Bueno, será mejor que nos vayamos a cenar. —Me había equivocado con mi percepción sobre ella y tenía que asumir las consecuencias. Quizás, en el fondo, resultase ser una buena chica

—¿Y a dónde me vas a llevar?

—A un restaurante japonés.

—Bueno —la idea no le entusiasmo —siempre y cuando no tenga que comer arroz todo va bien. No como carbohidratos y menos por la noche.

—Lo siento, podemos anular la reserva e ir a cualquier otro sitio. —Odiaba a las chicas remilgadas que no comen absolutamente nada por no estropear su figura. Si no comen, ¿por qué quedan para cenar?

—¿Y a qué japonés vamos a ir?

—A Koko —respondí orgulloso porque adoraba ese restaurante.

—¿Habrás reservado una mesa de esas con sillas a los lados?

—No —respondí ligeramente avergonzado, pero sólo ligeramente —reservé una en el tatami.

—Ay, ¿pero tú te crees que con este mini vestido de seiscientos euros y estos taconazos de Aquazzura puedo sentarme en tatami?

—Pensé que te resultaría divertido.

—¿Divertido? ¡Y yo creí que Pietro Di Angelo tenía un poco más de clase! —dijo decepcionada y enfadada.

—¿Cómo sabes mi apellido?

—Nene, vivo por y para la moda y me conozco todas las marcas de Florencia, de Italia y del mundo entero.

No me podía haber equivocado más con aquel pececillo, pensaba que era una sardina y resultaba ser una auténtica barracuda. Por esa razón me habían prevenido mis buenos amigos del comedor social. Y yo pensando que sus advertencias no eran más que los desvaríos de unos pobres desgraciados. ¡Yo sí que era un desgraciado!, y un auténtico imbécil.

—¿Sabes lo que te digo? Que voy a cancelar la reserva porque lo que realmente me apetece es comerme la hamburguesa más grande y grasienta del McDonalds.

—¿Estarás de broma?

—No, ese es el plan. Lo tomas o lo dejas —dije enfadándome por momentos.

—Estás loco. Ya le había dicho a mis amigas que no debías de ser muy normal cuando no tenías nada mejor que ayudar en aquel cuchitril rodeado de vagabundos.

Aquello fue la gota que colmó el vaso.

—Fiorella, te agradecería que te bajases de mi coche.

—¿Cómo te atreves a hablarme de ese modo?, me bajo si me da la gana.

—Por favor —insistí intentando controlar mi enojo.

—¿Sabes?, creo que estás loco, ¿qué te pensabas?, ¿que iba a aparecer con ese mugriento chándal? —me preguntó mientras comenzaba a reírse como una hiena.

—Por favor, Fiorella, será mejor que lo dejemos así.

—Corre y vete a cenar al comedor social con esa panda de gandules que nunca han dado un palo al agua.

—¿Gandules? Sal inmediatamente de mi coche, prefiero compartir mi tiempo con unos vagabundos que con una pija ladrona.

Ese comentario tuvo el efecto deseado en Fiorella. Salió encendida por la puerta del copiloto y dio un gran portazo mientras le salía humo por las orejas. Arranqué y salí pitando de allí, antes de que aquella demente se lanzase sobre el coche. Medio segundo después, sentí el impacto de uno de sus tacones de diseño en el cristal trasero del coche.

Aquella no-velada había sido un auténtico desastre, o según se mire, una bendición, ya que había salido a tiempo de las zarpas de esa harpía. Me dirigí a mi restaurante japonés favorito y disfrute de una deliciosa y relajante cena con la única compañía de mis pensamientos. Al final, la noche no había acabado tan mal.

A la mañana siguiente, Maggie ya me estaba esperando en mi despacho para someterme a un interrogatorio. Tenía que avisar a Antonella de que había que cerrar la puerta con llave para impedir que las chicas cotillas se colasen sin permiso. Me había parecido todo tan surrealista y  cómico, que Maggie no era capaz de parar de reírse.

—¿Y vas a volver al comedor? —me preguntó mi amiga con curiosidad. —Ya la veo tirándote las ollas de macarrones por la cabeza.

—No, mientras siga ella. Y es una pena porque siento que me estaban ayudando ellos más a mí que yo a ellos.

De pronto, sonó el teléfono y Antonella me informó a través del auricular que tenía una llamada de la ONG con la que colaboraba. Suspiré porque tanta labor social estaba acabando conmigo y Maggie se fue para que pudiese atender la llamada.

—¿Diga?

—Buenos días, señor Caruso. —Había dado un apellido falso porque no quería que supiesen que era yo el que colaboraba.

—Buenos días —saludé sin demasiado entusiasmo. No tenía ganas de conflictos filantrópicos.

—Disculpe, no quería molestarle, pero me preguntaba si le parecería bien que invirtiésemos parte de su dinero en crear un taller de arte para los niños —me dijo la voz amable que estaba al otro lado del teléfono.

—Sí, me parece un gran idea.

—¡Fantástico! —pronunció como si le hubiese ido la vida en mi respuesta. —Pues en cuanto deje de hablar con usted, compraré todo el material necesario para empezar cuanto antes.

—Parece entusiasmada.

—Sí, lo estoy. Soy una apasionada del arte y creo que este taller les hará mucho bien a los niños y a los ancianos que pasan tanto tiempo aquí.

—Yo también lo creo. El arte es una forma de relajarse, de desconectar y de canalizar nuestras frustraciones.

—Sí, lo es. Si quiere, cuando lo tenga organizado, puede pasarse por aquí para verlo en funcionamiento. Y si le apetece, también puede participar. Seguro que a usted también le hace mucho bien y a Adriano le haría mucha ilusión poder conocer a nuestro mayor donante.

—Por favor, señorita, tráteme de usted y llámeme colaborador, lo de donante me suena muy vampírico —dije sin ser consciente de lo absurdo que sonaba. —Lo siento, acabo de decir una tontería.

Pero ella se rió.

—No se preocupe, ha sido gracioso. Y muchas gracias, me hace muy feliz que esté de acuerdo con crear el taller.

—Seguro que va a ser éxito. Les deseo mucha suerte.

—Muchas gracias.

—Muchas gracias a ti por llamar para informarme. —Estaba alargando la conversación de la forma más absurdo.

—Ha sido un placer. —Y mi interlocutora me respondía con las típicas frases de cortesía.

—Me gustaría que me siguiese informando de sus avances.

—Lo haré. Descuide. —Aquella mujer era realmente amable.

Y sin más, para no hacer el ridículo con una conversación vacía y sin sentido, me despedí.

Suspiré de nuevo con alivio. Por lo menos, con la ONG, mi recién estrenado espíritu solidario iba a dar sus frutos.

Miss Smile.

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LAS RECOMENDACIONES DE MISS SMILE

LAS RECOMENDACIONES DE MISS SMILE

¡OMG! que semana más completa y llena de estrenos, así no hay manera de aligerar el kindle, es un no parar y ¡claro! todos tan apetecibles, que creo que me van a contratar como extra en una película de zombies, consecuencia de dormir poco, jajaja. En fin, vamos a por el primero de la semana, una novela que le tenía muchas ganas, además de ser de una escritora que he seguido desde sus inicios y cada vez me engancha más a sus historias.

 

“La noche que bailamos juntos” de Laura Maqueda

Sencillamente maravillosa, con unos protagonistas muy potentes, una historia muy potente, unos secundarios también muy potentes y una pluma adictiva que tiene duende, que te seduce, te atrapa y no te deja hasta el final. Con un ritmo trepidante, que va siempre hacia arriba sin decaer, gracias a giros sorpresivos que te dejan en “ko técnico”. Una trama muy bien hilvanada, llena de detalles y matices, aportando calidad a la historia. Pero sin duda alguna lo mejor de la novela, es la forma que tiene la autora de acercarte los personajes, mostrarte como son, que los sientas tuyos, que rías con ellos, llores… que te emociones y que formes parte de la historia, una sensación que pocos consiguen.

 

Después de tantas emociones y la resaca literaria correspondiente, costaba encontrar nueva lectura, perooooo llegó Lara Beli, para rescatarme, con…

“Un plan perfecto” de Lara Beli

Una novela que en un principio parecía una cosa, para revelarse en una historia increíblemente … creo que mejor es que lo descubráis, por que merece la pena y mucho. Lara Beli, tiene una forma muy peculiar de atraparte en sus novelas, con un ritmo diferente, cuando la estás leyendo tienes esa sensación como cuando vas en un barco, que te mueves pero tienes que prestar atención a lo que te rodea para que sea tangible, con ella todo pequeño detalle cuenta, su pluma está llena de colores y matices, emociones latentes que cuando se muestran se produce un estallido de color. Sin duda alguna es “Un plan perfecto” para acabar el día e irte a dormir con el corazón contento.

 

 

Después de tantas emociones, necesitaba algo un poco más desenfadado, tenía ganas de perderme en una comedia romántica y echando mano de mi lista de pendientes, me tope con …

“Quiero guasavi” de Cristina Busto

¡Qué bien me lo he pasado! y mi intuición no me ha fallado, tenía buenas vibraciones con esta novela y así ha sido. Una protagonista un poco “loca” sin ser cargante, es difícil encontrar este tipo de protagonistas y que no se hagan pesadas ni predecibles y la autora lo ha conseguido. Un protagonista que me ha encantado desde el inicio y sobretodo la “personita” que lo acompaña, siempre es un aliciente la inocencia infantil. Secundarios para todos los gustos, queridos y odiados, como debe ser. Y una historia fresca, divertida, con un ritmo muy ágil y ameno que facilita mucho su lectura, adictivo, y con el que se cumple el síndrome de “un capítulo más y lo dejo”, por que lo leí del tirón, imposible parar, una maravilla que me quitó horas de sueño, pero que mereció la pena.

Y tras esta lectura tan divertida, llegó una novela, que cerraba una serie, “las tres marías” que por supuesto en cuanto apareció… ¡ A por ellaaaa!

“Todo lo que dejé atrás” de Scarlett Buttler

No os voy a engañar y os voy avisar, tener preparados los pañuelos que os van hacer falta, ¡vaya inicio de historia! también os digo que no hay nada más terapéutico que llorar con un libro, al final te deja una sensación de liberación que no tiene precio. Una historia, que se te mete bajo la piel, ya que desde el minuto uno empatizas con la protagonista, te caes y te levantas con ella, su dolor es tu dolor, su alegría es tu alegría y así hasta el final. Una novela dura pero esperanzadora, de segundas oportunidades, de la amistad, del valor de romper con todo para resurgir, una montaña rusa de emociones…                                                                                                  Cerrar una serie no es fácil, y creo que la escritora ha sido muy valiente, ya que esta novela no ha tenido que ser fácil escribirla, ya que hay mucho drama y momentos realmente duros, pero tan reales como la vida misma.

La semana que viene más y mejor, ¡Feliz lectura!

 

 

 

“Maldito Amore” Capítulo 5

“Maldito Amore” Capítulo 5

 

 

 

Cris

 

 

¡Por fin! Mi vida estaba cambiando y todo se lo debía a Antonella, se había convertido en mi ángel de la guarda, desde mi ataque al coche de Pietro se había hecho cargo de mí. Gracias a ella había conseguido desvincularme de la “asociación”, había dejado la casa ocupa y ahora era su compañera de piso. Me costó aceptar, no tenía ingresos regulares y no le podía pagar, pero al final llegamos a un acuerdo: me haría una especie de préstamo hasta que encontrase un trabajo.

Hoy tenía mi primera entrevista en la ONG “Buscadores de sonrisas”. Tenía cita con el director, el Sr. Adriano.

Y para allí que iba yo, con la ropa que me había dejado mi salvadora, ¡cómo no! Unos tejanos azules, camiseta blanca y una chaqueta verde, todo muy sencillo, pero me sentía tan bien, tan limpia, por no hablar de la olor que desprendía, a flores silvestres del Caribe, o eso ponía en el bote de colonia y ¡aish! me parecía maravilloso. Esta era la nueva Cris, dispuesta a comerse el mundo.

Tenía la entrevista a las diez de la mañana y desde casa de Antonella podía ir caminando. Faltaba poco más de media hora cuando salí de casa y toque el timbre del ascensor. Vivíamos en un cuarto y hoy no me apetecía bajar por la escalera. Una vez dentro, el ascensor se dispuso a bajar, pero antes se detuvo en el tercer piso, donde para mi asombro, subió la abuela más glamourosa que había visto en mi vida. Esperé a que me mirase con recelo, pero para mi asombro, sonrió. Me miré en el espejo y recordé que no parecía una perroflauta.

— Buongiorno, piccolina — me dijo la abuela y yo me quedé muerta, ¿me estaba hablando a mí?, me pregunté. — ¿Estás bien, ragazza? — insistió

— ¡Oh si! Perfectamente — estaba “flipando”. Hacía tiempo que nadie se dirigía a mí, sin mirarme con cara de asco, ni apartarse por mi olor pestilente. Empecé a sonreír, todo se lo debía a mi nuevo aspecto. La pobre señora debía de estar alucinando y pensando qué clase de hierba me había metido, estaba como en una nube, hasta que, se oyó un gran estruendo y el ascensor se quedó parado.

— ¡Merda! —soltó la linda abuelita — ¡Otra vez no! —siguió diciendo

—¿Qué ha pasado? — pregunté yo

— El ascensor, que tiene más años que yo y cada dos por tres se estropea. La última vez estuve encerrada casi dos horas, ¡dos horas! — exclamó

— ¿Cómo? No puede ser, tengo una entrevista dentro … — mire mi reloj — De veinte minutos, ¿no podemos llamar a alguien? — ¡Virgen del Pilar!, no iba a llegar a tiempo, mi día se estaba empezando a torcer.

— El timbre no funciona, acabo de enviar un mensaje a la empresa de mantenimiento, pero olvídate de llegar a esa entrevista, tenemos para un par de hora por lo menos, llámales por teléfono y que te la aplacen. Por cierto, mi nombre es Bianca y soy la vecina del tercero A.

— Cris, nueva compañera de piso de Antonella, del cuarto A — le dije al mismo tiempo que le daba mi mano a modo de saludo.

Cogí mi teléfono y con horror comprobé que no tenía cobertura

— ¡Mierda! — Ahora era yo la que soltaba un taco — ¡No tengo cobertura!

— ¿Pero eso funciona?, hace más de veinte años que no veía un móvil de estos.

— Si  funciona, pero no tiene cobertura — lloriqueé yo.

— Tranquila, ¿tienes el número? Yo te dejo el mío para que llames.

— Espere, lo tengo en el bolso.

— ¿No lo tienes en la agenda del móvil retro? — me preguntó Bianca. Yo puse cara de asombro. — Ya veo que no, pero ¿de qué cueva has salido, piccolina?

— ¡Ay, si yo le contara! —suspiré.

Cogí su teléfono y le empecé a dar vueltas, ¿cómo quería que llamase si no tenía teclas?

Bianca no paraba de reirse.

—Dame anda, ¿no has vista nunca un smartphone?

— Si, pero no tan de cerca — y le devolví el móvil.

— Dime el número, que yo lo marco —se ofreció con amabilidad.

Marcó el número y me pasó el teléfono. Después de tres timbres y dos interlocutores, conseguí hablar con Adriano, fue muy amable. Como iba a estar todo el día en las oficinas, quedamos en que le avisaría cuando consiguiese salir del ascensor y llegar hasta allí.

Ahora ya más tranquila, ya que no tenía prisa por salir de allí, le devolví el teléfono a Bianca y me senté en el suelo, cuando para mi asombro, Bianca hizo lo mismo.

— ¡No me mires así! Tengo setenta y cinco años y gracias al yoga soy muy flexible — Y tanto que lo era, sólo esperaba que fuese cierto, sino teníamos un problema.

— Bueno Cris, como esto va para largo, ¿qué tal si me explicas, cómo vives tan descatalogada?

Respiré profundo y le conté todo, todo, sin dejarme nada, hasta mi ataque al coche de Pietro. Si algo me caracteriza es que no me gusta esconderle nada a nadie y si con todo lo que le explicaba, esta abuelita tan molona dejaba de hablarme, ella se lo perdía. Para mi asombro, al terminar de explicarle mi vida, obra y milagros, soltó una sonora carcajada.

—Creo que le vas hacer mucho bien a Antonella —dijo Bianca muy misteriosa.

—¿Por?

—Todo en su momento, piccolina —prosiguió —Ahora que vuelves a disfrutar de los pequeños placeres de la vida, ¿cómo te sientes?

—Me siento en una nube, la vida  y Antonella me están ofreciendo una nueva oportunidad y no la quiero desaprovechar  —dije convencida

—Estás en el camino, me has dicho que ibas a una entrevista, se puede saber de ¿qué? si no es indiscreción.

—Claro, es una entrevista para trabajar en la ONG “Buscadores de sonrisas”, ¿los conoce?

—Cris, ya sé que podría ser tu abuela, pero por favor, trátame de tú. Creo que tú y yo vamos a ser muy buenas amigas … y no, no conozco esa ONG.

—Yo también lo creo —y así lo sentía

—Bueno y ya sabes en qué consistirá, tu trabajo.

—Por lo que he hablado con el director, en un principio sería para atender el teléfono por las mañanas, para dar información de la ONG, captar socios, ofrecer servicios. Además estoy pensando en comentarles, como soy licenciada en Bellas Artes, la posibilidad de hacer talleres para niños y personas mayores, de pintura. ¿Crees qué será buena idea?

—¡Una idea excelente! Si lo consigues, avísame que yo me apuntaría. A mi edad se tienen muchas horas libres y hay que ocupar el tiempo.

De repente, el ascensor cobró vida. Y como si llevara un resorte, Bianca se puso de pie, para mi total asombro y en segundos, conseguimos llegar a la planta baja.

—¡Corre, piccolina! ¡Qué tu nueva vida te espera! Pásate luego por mi casa y me cuentas. Además te regalaré un móvil como Dios manda y ese lo puedes llevar al Museo de Historia —dijo entre risas.

Sin tiempo que perder y más animada gracias a Bianca, salí, rauda y veloz, hacia la entrevista.

Estuve de tres horas en “Buscadores de sonrisas”, donde recorrí todas sus instalaciones, oficinas, salas, aulas y todo de la mano del que sería a partir de hoy mi jefe, Adriano, un madurito muy atractivo, con una energía vital fuera de lo común y con unas ganas locas de hacer cosas. Tal y como le había comentado a Bianca, por las mañanas me haría cargo del teléfono, según Adriano, para atender y cubrir las necesidades de todo aquel que llamase y lo mejor de todo, le había parecido maravilloso lo del taller de pintura y me daba vía libre, para horarios, número de alumnos, lo malo, un presupuesto muy reducido, que ya conseguiría estirarlo, estaba segura.

Menudo subidón tenía, mi mente era un hervidero de ideas y proyectos. Adriano me había transmitido tanto, me había dado tan buena onda, que tenía energía hasta para cargar mi móvil trasnochado.

Decidí perderme por las calles de Florencia y que la ciudad me tranquilizase. Dejé fluir mis pensamientos. Ya tenía una casa donde vivir con compañera y vecina incluida, nuevo trabajo y ahora sólo me faltaba el amor, y sin más, vino a mi mente la imagen de Pietro. ¡Amor y Pietro en la misma ecuación!, ¡no podía ser! El Sr. Ojazos con Cris “la perroflauta”.No podía dejar de reír porque esa idea era absurda. Mi mente me estaba gastando una broma, pero y ¿mi corazón?

Miss Smile

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